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miércoles, 18 de octubre de 2017

Sagrada Familia con Santa Ana, Santa Isabel y San Juanito





Circulo de Hendrick de Clerck
(Bruselas, h. 1570 - 1630)
“Sagrada Familia con Santa Ana, Santa Isabel y San Juanito”
Óleo sobre tabla.
Medidas: 40 x 29,5 cm; 85 x 56,5 cm (marco).

Sigue el cuadro del mismo tema de Rafael Sanzio conservado en el museo del Louvre
En su informe, Enrique Valdivieso sitúa esta obra dentro de la escuela flamenca del siglo XVI, y la fecha por su estilo dentro del último tercio de la centuria, en torno a los años 1570-1580. El anónimo autor plasma una escena en la que se revelan las influencias estilísticas que suponen la base para desarrollar un estilo propio, influencias recogidas probablemente a través de un grabado del maestro Hendrick De Clerck. De hecho, podemos encontrar esta misma composición en un cuadro subastado en Christie’s Ámsterdam entre el 4 y el 5 de septiembre de 2001, obra que Valdivieso reproduce en su informe. En la composición se integran las figuras de la Virgen y del Niño, y a la izquierda aparecen Santa Isabel y San Juanito. También vemos a Santa Ana y, sobre ella, a la figura de San José. Un ángel, en el lado izquierdo, se apresta a esparcir flores sobre la cabeza del Niño Jesús.
Se trata por tanto del tema de la Sagrada Familia ampliado; esta iconografía abarca, en su sentido más común, a los parientes más próximos del Niño Jesús, es decir madre y abuela o madre y padre nutricio. Así, por lo general se trata de un grupo de tres figuras, ya aparezcan Santa Ana o San José. Aquí, en cambio, la composición se enriquece, revelando una complejidad estructural y un dinamismo netamente manieristas que se unen una teatralidad y elocuencia en los gestos que, pese a ser totalmente manierista, anuncia el futuro devenir del barroco. Vemos por tanto al Niño con su madre, su padre nutricio y su abuela, y además aparecen Santa Isabel, prima de la Virgen, y su hijo San Juan Bautista. Para completar la escena, la figura del ángel aparece netamente inmersa en la composición terrenal, haciendo hincapié en el carácter sagrado de la representación.
Durante el siglo XVI, el panorama artístico en Flandes se caracteriza por una gran personalidad, fruto de la superposición de la sólida tradición de los primitivos flamencos con las influencias del manierismo italiano, que llegan a través de grabados y de pintores que viajan a Italia y regresan a Flandes, como Gossaert, Durero y Van Orley. En esta pintura vemos cómo el autor se mantiene fiel a la tradición en diversos aspectos, como el técnico (óleo sobre tabla en vez del lienzo de los italianos) o la factura (lisa y apretada). Asimismo, el gusto por el detalle preciso y el alto nivel de naturalismo están directamente relacionados con los maestros del siglo anterior, como Van der Weyden o Van Eyck. En cambio, se aprecian claramente aspectos modernos, plenamente manieristas. A primera vista, destaca el enorme tamaño de las figuras. Ya no son los personajes esbeltos, alargados e incluso esqueléticos cuando se trataba de anacoretas; la anatomía es poderosa y contundente, de cierta influencia miguelangelesca. Asimismo, ocupan prácticamente toda la superficie de la tabla, llegando al extremo de que algunas figuras llegan a salirse del plano. De este modo, se produce una marca tensión espacial, uno de los rasgos más buscados por los artistas del manierismo, cuya máxima fue siempre romper con las reglas de orden, equilibrio y claridad del clasicismo.

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