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lunes, 23 de abril de 2018

Fiesta popular ANTONIO GISBERT PÉREZ








ANTONIO GISBERT PÉREZ (Alcoy, Alicante, 1834 – París, 1902).

“Fiesta popular”.
Óleo sobre tabla.
Presenta repintes.
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Medidas: 71 x 82 cm; 93 x 115 cm (marco).
En esta obra Gisbert plasma una fiesta popular, donde varios ciudadanos participan en la misma, cantando, bailando o tocando algún instrumento. La obra es un reflejo de la sociedad de la época, siendo así cercana a la corriente costumbrista. Tradicionalmente, la pintura y la literatura españolas del siglo XIX y XX se han interesado por las costumbres y los tipos populares. El mismo Sorrolla comentó “Quiero dar, siempre dentro del verismo de mi escuela, una representación de España; no buscando filosofías, sino lo pintoresco de cada región”. Esta corriente se extendió por todas las provincias de España siendo Andalucía la que mayor fama alcanzó en la representación de la vida popular. Por ello Este tipo de obras fueron muy habituales, y apreciadas, en el arte español desde el siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Donde se estilaba la creación de patrones populares retratados a través de una visión idílica donde el autor se encuentra influido por una estética y herencia romántica, desarrollado durante la segunda mitad del siglo XIX y que derivó en una concepción localista del paisaje, en obras que reflejaban el amor por la propia tierra y la belleza y el lirismo de lo cotidiano, lo cercano, lo conocido. La estética de la obra es de carácter romántico ya que presenta tipos populares de manera idealizada.
Antonio Gisbert fue un pintor español de temática histórica, activo durante la transición entre el romanticismo y el realismo. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y, posteriormente, en Roma y París. Representa una tendencia pictórica propia de la segunda mitad del siglo XIX: la pintura de grandes acontecimientos en relación con la historia nacional. Es la llamada “pintura de historia” o “realismo retrospectivo”, que pretende representar con realismo y veracidad de cronista hechos del pasado histórico del país. También fue célebre por sus retratos, destacando los conservados en el Congreso de los Diputados. Asimismo, fue director del Museo del Prado entre 1868 y 1873, año en que se trasladó definitivamente a París. En el corto periodo de seis años –cuatro convocatorias de la Exposición Nacional de Bellas Artes–, Gisbert obtuvo tres medallas de oro casi consecutivas: en 1858 (obra remitida desde Italia), 1860 y 1864. La suya es una pintura ajustada, de perfecto dibujo y hábil puesta en escena. En su carrera tuvo una especial importancia su amistad con el duque de Aosta, futuro Amadeo I, a quien Gisbert retrató en dos ocasiones, convirtiéndose en poco menos que en pintor áulico. Su perfil artístico presenta dos fases bien diferenciadas. La primera pertenece a su etapa madrileña y como pensionado en Roma, y se caracteriza por obras históricas de carácter reivindicativo. La segunda corresponde a la época de París, la más larga, durante la cual desarrolló una pintura galante, amable y anecdótica, más colorista y luminosa pero carente ya de compromiso social. Antonio Gisbert está actualmente representado en el Museo del Prado, el Casón del Buen Retiro, los Museos de Bellas Artes de Alicante y Bilbao y en el de Historia Mexicana, entre otros.

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